Estas compañeras también de Sevilla han pasado por la misma pesadilla que nosotros, han luchado y siguen haciendolo por sus peques copio... Hola amigos
Este es un comunicado que jamás hubiéramos querido tener que realizar. Es un grito de ayuda y, sobre todo, la forma que tenemos de compartir el inmenso dolor de la pérdida injusta de nuestros compañeros.
Todos sabéis que trabajamos rescatando animales del Zoosanitario Municipal de Sevilla, la tan tristemente afamada, Perrera. Todos sabéis que somos personas particulares que no disponemos de refugio, ni socios, ni más ayuda que la de nuestros propios y escasos recursos. No somos muchos, no más de una decena de personas, muchas de ellas viven muy lejos de Sevilla, y aún así, con nuestras pocas armas, nos enfrentamos diariamente a la tremenda injusticia que viven los animales en la perrera. Buscamos hogares para ellos, unas pocas madrinas enormemente generosas pagan la residencia a algún afortunado para salvar su vida, y así es como llega el final de cada día, con la terrible sensación de que nunca hemos hecho suficiente, y que, a pesar de que hoy hemos liberado a alguno de ellos, los demás quedaron allí, diciéndonos con sus hermosos ojos que ellos también merecen otra oportunidad, que no los olvidemos.
Y nunca los olvidamos. Se quedan en nuestra memoria, indelebles. Recorremos las jaulas recordando que aquí estuvo Estu, aquella preciosa labradora negra que nos demandaba urgentemente amor y un día ya no estuvo más, o que allí saltaba alegremente, ajeno al peligro, el pequeño Justin que nunca volvimos a ver. Recordamos a todos los que desaparecieron sin dejar rastro alguno y damos gracias a la vida por los que pudimos salvar.
Es suficientemente duro hacer lo que hacemos pero nadie nos pudo advertir que podríamos tener un enemigo mucho más poderoso que la burocracia de un campo de exterminio. Y ese enemigo apareció con todo su ejército de virus infecciosos: el moquillo.
La perrera sufrió una epidemia de moquillo y nosotros, entre otros, sufrimos sus consecuencias. Animales sanos que estaban salvados del sacrificio, se condenaron infectados por el virus. No teníamos herramientas suficientes para luchar contra la capacidad de destrucción de aquella infección y nuestros compañeros fueron cayendo poco a poco, lentamente.
Han sido tres meses en los que hemos vivido la más horrible de las pesadillas, la más absoluta de las paranoias, el impotente y largo adiós de muchos de los nuestros.
Sabemos de asociaciones que han vivido una situación igual a la nuestra. Hemos sufrido con ellos, reconociendo en sus lágrimas las nuestras. Pero no habíamos sido capaces de demandar nada hasta el momento porque esperábamos poder acabar con nuestras miserias antes de tener que arrojar encima de otros la desgracia que estábamos viviendo.
Queremos, además de solicitar la ayuda solidaria de todo el que pueda, para hacer frente a las deudas que han generado los veterinarios, las medicinas y tratamientos, hacer un merecido homenaje a los que se fueron. Algunos de ellos nos dejaron en silencio, dormidos por la piadosa anestesia, otros lucharon tanto que nos obligaron a no tirar nunca la toalla. Todos nos dieron la enorme lección del amor que quedaba en sus ojos mientras nos dejaban. Y esa lección, sin duda alguna, no podremos nunca dejar de recordarla.
Éste es nuestro pequeño homenaje a nuestros amados compañeros:

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Por los que se fueron. Siempre en nuestros corazones.